Los amantes del teatro musical barceloneses estamos de suerte ya que hasta finales de esta semana podemos disfrutar de una joya con canciones del mismísimo Stephen Sondheim en el Teatre Lliure.
Esta maravilla llamada Marry Me A Little es un musical que crearon Craig Lucas y Norman René en Nueva York, cuya historia se construye a través de aquellas canciones “menos conocidas” de otros grandes musicales de Stephen Sondheim (Company, A Little Night Music, Anyone Can Whistle, Into The Woods, Follies…) y que tanto crítica como público alabaron a principios de los 80 cuando se estrenó en el off-off-Broadway y posteriormente en el  off-Broadway. Ahora nos llega a Barcelona muy bien dirigida por Toni Martín.
La historia es muy sencilla: dos solteros que viven en el mismo edificio pero no se conocen pasan solos un sábado por la noche. Sin embargo, los sentimientos que expresa, la fuerza de los mismos y la extrema sinceridadcon la que se nos revelan son de una enorme complejidad. La verdad es que disfrutas inmensamente durante la función pero es un golpe de realidad en toda regla que te hace reflexionar.
Toni Viñals y Mone son los encargados de llevarnos por este recorrido emocional y consiguen que vayas con ellos en todo momento. El teatro es pequeño y ves sus ojos de cerca, te miran y sientes lo que están sintiendo y que lo están sintiendo de verdad. Es verdaderamente fantástico. Se trata de situaciones tan reales que es imposible no sentirse identificado. Vocalmente son impecables. Mone destaca con el “Marry Me A Little” que da nombre a la obra y con “There Won’t Be Trumpets” al nivel de las grandes actrices de Broadway que la han interpretado. De Toni decir que con su interpretación de “Bang!”, me mató.
Respecto a la música, poco se puede añadir al hecho de que sea de Sondheim, es decir, perfecta. Cuando entras en la sala, Xavier Torras, al piano, te recibe tocando algunos de sus temas que no se incluyen en Marry Me… (cuando yo entré tocaba mi favorita “Being Alive” y continuó con la archiconocida “Pretty Women” de Sweeney Todd) y esos minutos previos ya son un placer. El resto acompaña como un guante todas las escenas o las escenas acompañan como un guante a las maravillosas canciones.
La traducción al catalán de Roser Batalla es excelente (en ningún momento deseé que estuviesen cantando en inglés y eso es muy raro en mi).
La escenografía es simple pero bonita por lo que resulta más que suficiente.
En definitiva, este musical es un pequeño tesoro y una cita de obligada asistencia para cualquier amante del teatro musical, de Sondheim y, en realidad, para cualquier persona del mundo. Perdérselo es imperdonable así que corred a por vuestra entrada para esta semana antes de que se agoten.
Por último, ¡desde aquí realizamos una petición formal al Teatre Lliure para que sigan apostando por el teatro musical!

 Paola Marín

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