La marquesina de ‘Cabaret’ vuelve a brillar en la Gran Vía de Madrid desde el pasado septiembre. Nosotras ya estábamos hartas de que nos contaran lo bien que está esta nueva producción así que aprovechando el puente nos plantamos en la capital para comprobarlo con nuestros propios ojos (y oídos).

 Tenían razón, ‘Cabaret’ HA VUELTO, y con mayúsculas. Este musical que revolucionó el género en los años 60 y que fue llevado al cine por Bob Fosse en el 72, convirtiendo a Liza Minelli y Joel Grey en auténticos iconos, no pasa de moda y SOM Produce lo sabe. Por eso, nos traen esta nueva y mejor, ambiciosa y espectacular producción digna de Broadway.

Edu Soto es EMCee, el Maestro de Ceremonias que nos invita al Kit Kat Klub, un Cabaret del Berlín de 1931 donde el alcohol, el sexo, el jazz, la frivolidad y la diversión dominan la noche y donde los problemas no existen, pero que está a punto de ser sacudido por la realidad del nazismo en pleno auge. Soto brilla con luz propia y lleva el papel a su terreno. Con su primer “Wilkommen, bienvenue…” entras en su mundo y no sales de él en toda la función, ni si quiera en el entreacto (os recomendamos que no vayáis muy lejos de vuestra butaca). Pasando de un descarado pero entrañable bufón a un desengañado borracho nunca deja de entretener al público rompiendo la cuarta pared y haciendo sentir importante a cada uno de los espectadores desde las primeras filas hasta las últimas. Su risa es inolvidable y su propia personalidad queda disimulada pero, por suerte, no oculta detrás del maquillaje.
Cristina Castaño es la más valiente. Sally Bowles es uno de los personajes femeninos más complejos e importantes de la historia del musical y no todas se atreven. Las canciones que tiene que cantar son clásicos que han sido interpretados por grandes voces y grandes actrices. Su burbujeante Sally, fuerte pero a la vez frágil, aprueba y con nota. Cristina es actriz, no cantante, y eso se nota en algunos momentos pero su interpretación es tan potente que lo demás se olvida. Y, de todos modos, ¡ya les gustaría a Emma Stone o Sienna Miller (dos de las últimas Sally Bowles en Broadway) cantar así! Su desgarradora versión del ‘11 o’clock number‘ “Cabaret” nos rompió el corazón en mil pedazos y se llevó el mayor aplauso de la noche.
No pudimos ver a Daniel Muriel como Clifford pero pudimos disfrutar de Carlos J. Benito (desde luego, este hombre es omnipresente en la cartelera teatral madrileña ya que también lo vimos hace tres semanas en Priscilla dándolo todo entre plataformas y purpurina) que demostró tablas y nos ofreció a un Cliff tierno al principio y desilusionado al final. La siempre excelente Marta Rivera demuestra de nuevo que es una de las más grandes del género musical en este país como Fraulein Schneider, la dueña de la pensión que se enamora de Schultz, el frutero judío interpretado por un afable Fernando Samper en la función a la que asistimos. Para deleite de nuestros oídos, Víctor Díaz interpreta al malvado Ernst con una seriedad aplastante y una voz que hace estremecer al bello Teatro Rialto entero (atentos al ‘reprise’ de Mi Lucha Empieza Aquí que cierra el primer acto). El resto del elenco está fantástico y no podréis dejar de mirar a los bailarines y bailarinas del Kit Kat Klub durante las coreografías. Lo más importante de Cabaret es la drástica evolución de los personajes a causa del momento histórico que viven y todos reflejan esa transformación a la perfección.
La magnitud del montaje es alucinante y la iluminación, que al principio irradia vida y al final muerte, saca lo mejor tanto de la escenografía como del elenco. El conocido número “Money, money” es verdaderamente espectacular. El colorido vestuario está a cargo de Antonio Belart y nos hemos enamorado del vestido rojo de Sally, totalmente de ensueño… La banda de jazz en directo es un auténtico deleite.
Solo tenemos dos “peros”. Echamos de menos “Mein Herr”, una de las canciones más emblemáticas. ¡Nos hubiese encantado ver a Cristina interpretándola! Y, por otro lado, si tienes las canciones originales tan en mente como nosotras, cuesta un poco acostumbrarse a la traducción al español, como de costumbre.
Por todo lo demás, es un plan imprescindible y sin duda el musical de la temporada. Esperamos que ilumine por mucho tiempo más la Gran Vía madrileña.

 

Paola
Anuncios