El viernes por la noche, tras meses de espera se abrieron las puertas del convento de Sister Act en el Teatro Principal de Valencia. Las monjas más marchosas llenaron el teatro de lentejuelas, energía y buen rollo en una noche que acabó con el teatro en pleno en pie ovacionando a la compañía.

Ya os contamos allá por 2014 cómo fue el estreno del musical en Barcelona y las impresiones de Paola al verlo, pero por fin pudimos disfrutarlo aquí en la terreta. Valencia es la última parada de la gira de Sister Act antes de aterrizar en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid. Este musical que cuenta la misma historia de la película de los años noventa, en la que Deloris Van Cartier (“como las joyas“), aspirante a estrella de la música sin éxito, tiene que esconderse en un convento tras ser testigo de un asesinato cometido por su entonces novio. El choque cultural es tan grande para Deloris como para las monjas del convento, que está al borde de la quiebra. Todo esto resulta en situaciones divertidas y canciones muy, muy pegadizas, pero atención, si vais esperando oír las canciones de la película, sentimos desilusionaros, porque esas canciones no han llegado hasta el  musical… Sin embargo, os aseguramos que una vez entréis a este particular convento no os volveréis a acordar de las canciones de la película o, al menos, no las echareis en falta. La banda sonora, con firma de Alan Menken, mezcla disco, funky, soul, motown, es terriblemente pegadiza y os pasareis horas tarareándola, queráis o no. Esta música es el hilo conductor no sólo de la historia, sino también de la evolución de la escenografía, ya que conforme avanza la historia, la música se vuelve más animada y la escenografía y el vestuario se llenan de color, hasta la explosión final de lentejuelas.
La gira, ha llegado a Valencia tal cual se representó en Barcelona o que llegará a Madrid. Con una mecánica escénica muy tradicional a base de telares y carras de ruedas. Incluso ha hecho falta un día entero de montaje sólo para nivelar el suelo inclinado del teatro Principal de Valencia y poder adaptar el teatro a la escenografía y no al revés.
Junto con la escenografía, el musical cuenta con alrededor de 1000 piezas de vestuario y 90 pelucas (contando que cada traje está compuesto de diferentes piezas y que cada peluca necesita su repuesto). El musical al obviar cosas como proyecciones y otras “moderneces” del estilo, tiene una escenografía cuidada al milímetro, más incluso de lo que somos capaces de adivinar desde nuestros asientos. Mi favorita es la comisaría, con todos los archivadores marcados o recortes de periódico de criminales buscados dejados caer sobre un rincón, aunque alguien también se lo debió pasar muy bien rellenando la cocina de Eddie para que no le falte ni un detalle. Tanto, que no dudo que si probase a llamar al teléfono de comida a domicilio, me cogerían el teléfono en algún bar de Estados Unidos.
Es tan universal el montaje que hasta el proscenio del escenario esta marcado en “pies” para marcar la posición de todos los actores y es que… con 30 personas en el escenario, nada ni nadie puede estar fuera de su sitio o la función puede acabar en visita a urgencias!! Aunque no os preocupéis, están todos en muy buenas manos, ya que Gonzalo Lisiardi es el regidor del espectáculo y él se encarga, desde su pequeño puesto de mando, del correcto funcionamiento de todo (lo que vemos y lo que no), para que cualquier contratiempo tenga solución y nosotros no nos enteremos desde nuestras butacas.
Porque si la coreografía que vemos sobre el escenario es tan movida y enérgica que casi quemas calorías sólo por estar en la misma sala que estas monjas, la que no vemos tras él es igual o más movida todavía!
Y es que estas monjas no paran. Mireia Mambo Bokele interpreta a la dinámica falsa monja Deloris, dándolo todo en cada función… pero todo, TODO, que yo no sé de dónde saca las energías esta chica!! Destaca, también, Àngels Gonyalons como Madre Superiora, que en el primer acto muestra su nivel, pero es en el segundo donde brilla de verdad, tanto vocal como interpretativamente. Del resto de monjas me quedo con todas y cada una de ellas, porque todas tienen su personalidad y su momento, así que no sabría elegir. Pero sobretodo no quiero olvidarme de los chicos del musical, porque entre tanta mujer y tanto hábito… Es broma. La verdad es que son ellos los que llevan gran parte de la carga cómica del musical y lo clavan.
 Desde aquí, simplemente os puedo decir una cosa: dejaos caer por el Convento del Teatro Principal de Valencia, compartid unos rezos con estas monjas marchosas y saldréis completamente renovados, sino en cuerpo, desde luego en alma… porque este musical es un chute de energía y buen rollo que debería estar incluído en la seguridad social.
M.
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