El pasado lunes tuvimos la oportunidad de asistir en directo aimg_6304
la gala de presentación de la nueva temporada teatral catalana. La gala, retransmitida también por TV3, la cadena autonómica, normalmente sirve para presentar una muestra de los espectáculos que se van a poder ver durante los próximos meses en los teatros de la ciudad condal y alrededores. Normalmente, pero no este año. En un intento por dinamizar la que suele ser una gala más bien aburrida y pesada (¿quién no ha acabado haciendo zapping en la tele durante algún trozo especialmente soporífero?), este año decidieron sustituir los números de teatro y musicales por actuaciones musicales. El resultado fue una gala amena y entretenida pero que nos dejó con sentimientos encontrados porque, un momento… ¿esto no iba de teatro?¿entonces, qué novedades vamos a poder ver esta temporada? Y es que, después de casi dos horas de función, de las cuales sólo 45 minutos se retransmitieron por la tele, salimos del Gran Teatre del Liceu de Barcelona sin tener muy claro qué es lo que se estrenará en la temporada 16/17. Durante toda la noche estuvimos pensando “muy chulo, ahora seguro que presentan un número de algún espectáculo conocido”, pero no. Números hubieron, que estuvieron muy bien: circo, payasos, baile contemporáneo, canciones con mensaje… Todo esto con un maestro de ceremonias bastante desconocido, aunque muy carismático que hizo que la gala fluyera sin que nos diéramos ni cuenta.

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Es curiosa la diferencia entre ver este tipo de espectáculo por la televisión o en persona. No sólo porque la televisión nunca llegará a transmitir la energía que llega de tener el escenario a unos cuantos metros, sino porque la gala no dura exactamente lo mismo que se ve por la televisión. El espectáculo comenzó un rato antes de que conectaran en directo y ya se nos avisó de que una vez ocurriera esto cambiarían las luces y no podríamos levantarnos de los asientos. Es curiosa la sensación de estar en un teatro con un patio de butacas tan iluminado durante una función… uno se siente como más expuesto, como si perdieras parte de ese anonimato que aporta la oscuridad cuando disfrutas de una obra. También fue un poco diferente el final, por la tele quedó todo como muy redondo con el público dándolo todo para “compartir el teatro” pero allí dentro del Liceu, no podíamos irnos en pleno subidón, la noche se alargó más con Guillem Albà (nuestro MC) desatado ahora que no tenía ya la presión estar por la tele. Sin camiseta, subiéndose encima de un conseller, intentando hacer que encendiéramos una bombilla… nos hizo darlo todo y que saliéramos del Liceu con una sensación magnífica, aunque sin tener más claro que cuando entramos qué acabaremos viendo en los teatros esta temporada.

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Debe ser muy difícil organizar una gala de estas características, sobretodo porque este año tenemos la impresión de que, quitando un par de espectáculos como Scaramouche de Dagoll Dagom, que se estrenará en un par de semanas, la mayoría de lo que está por llegar o está en gira o todavía en pañales. Tendremos que esperar un poco más para esos esperados aperitivos de Moustache, Spring Awakening y todos esos shows que sabemos están por llegar. Mientras tanto, una reflexión: quizás la gala de este año sirva como puente para encontrar el término medio y que la gala del próximo año combine las novedades de este año con una muestra de lo que podremos ver .

 

M.

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