Primero llegó el microteatro. Ese concepto que llegó hace unos años para quedarse, en el que por un precio menor de 5€ se puede ver una obra de teatro de unos 15 minutos en salas minúsculas con un aforo aproximado de 10 personas. De ahí pasamos a la evolución lógica, el micromusical, porque, si se hacía texto… ¿por qué no se iba a poder cantar?. Ahora hemos llegado a un paso más, la representación de ese microteatro en diferentes sitios, no ideados originalmente para ese fin. Este es el caso de Microdegustación Teatral Barcelona, evento por el cual durante todo el mes de febrero se puede disfrutar de 4 piezas de microteatro en el Hostel Casa Gracia y una de esas piezas es la que pudimos disfrutar el pasado domingo: “Paki, el musical”.

Este musical cuenta una de esas historias que podríamos protagonizar cualquiera de nosotros, bueno, casi: a mi no  me ha sucedido nunca eso de estar en un super y que se pusiera a cantar la gente a mi alrededor. Obviando este pequeño detalle, el musical cuenta uno de esos encuentros casuales que podrían suceder entre dos personas completamente normales, de hecho, seguro que hasta podríais ponerles una cara conocida de vuestro entorto. Dos personajes totalmente opuestos, una “ni-ni” pija de Sarrià y un joven ejecutivo  que prácticamente vive en la oficina, se encuentran en el súper y acabarán replanteándose su estilo de vida.

El elenco consta de 2 actores y 1 músico (que además es el director y autor). Ambos actores quizás os suenen del concurso musical de TV3 “Oh Happy Day”, ya que Elena Alcalde formó parte del grupo Veuscomsí y Agustín Salvador de los Jarks. Tanto las interpretaciones como las voces son de un nivel que deja claro que no se trata de una producción amateur, pero si tuviéramos que sacar alguna pega, quizás sería que en algunos momentos el volumen de las voces no se acaba de ajustar a las características del formato y la sala. Aún así, le damos un notable a esta pequeña producción, pequeña en formato pero grande en talento.

En resumen, un musical ligero y divertido, con música y letra tremendamente pegadiza (ambos firmados por Pau Barbarà) que te hará salir de la sala preguntándote:

“Y tú, ¿¿qué tienes??”

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