Esta semana la célebre compañía de teatro Joglars ha aterrizado en Valencia con su nuevo espectáculo: Zenit, la realidad a su medida, donde presentan una dura crítica a los medios de comunicación actuales a través de su estilo personal marcado por la sátira, el sarcasmo, la ironía y, por supuesto, el humor.

Además, en conmemoración de sus 55 años sobre los escenarios, pudimos disfrutar del documental La zarza de Moisés, dirigido por Arantxa Aguirre, el cual muestra el proceso de creación de esta última obra. Una propuesta interesante que abre las puertas al espectador para conocer el duro trabajo colectivo de la compañía.

Hoy en día es difícil de encontrar un montaje que no recurra a la tecnología, pero a ellos no le ha hecho falta. Con un tema tan “digital” como es este caso, han jugado con la paradoja de realizar todo de forma artesanal. Todo un acierto, pues la sencillez de su escenografía a cargo de Martina Cabanas, y el magnífico diseño de iluminación de Bernat Jansà, hacen de esta obra una sucesión de imágenes espectacular, todo acompañado de la música, una pieza clave en esta historia, pues hay escenas completas en las que el diálogo no es necesario, solo están los movimientos de los actores al son de la música clásica de Tchaikovsky.

En esta ocasión, los encargados de dar vida a los personajes son Ramon Fontserè, encargado también de la dirección, Pilar Saénz, Dolors Tuneu, Xevi Vilà, Julián Ortega y Juan Pablo Mazorra. Los seis conforman la peculiar redacción llamada Zenit, con roles muy definidos como el periodista ilustre, la directora, el becario, el pelota, los trabajadores de mantenimiento… Todos ellos realizan un trabajo corporal impresionante, prácticamente impecable, a través de movimientos continuos realizados con gran maestría. Un ejemplo de ello, y lo siento por el spoiler, es el comienzo de la obra, una maravilla visual donde repasan la evolución de la escritura a través de imágenes de la historia, sencillamente extraordinario.

Pero quizá lo más llamativo es la crítica de Zenit, ese lenguaje esperpéntico que juega continuamente entre el realismo y las metáforas, sin perder la magia de Joglars. Durante toda la obra se plantean situaciones reales del periodismo de hoy en día, porque aunque muchas de ellas parezcan exageradas, no lo son. Es más, la manera de representar esas noticias es tan visual a la par que dura, otorgándole a la obra una verdad y transparencia brutal.

La idea principal es que la mayoría de ocasiones, en los medios de comunicación la moral y la ética no tienen cabida a la hora de publicar, pues, desgraciadamente, muchas veces la verdad no importa, solo se busca la exclusiva, el morbo, el vender… sin importar si actuamos como “cuervos carroñeros” atacando a una pobre víctima, incluso si esta es un compañero o amigo. Pues, que prima más, ¿el entretenimiento o el periodismo?

La obra en sí es un aviso al usuario de a pie que no hay que creer todo lo que nos dicen, pues nosotros, no se nos olvide, también tenemos parte de la culpa, pues somos los consumidores directos de esa información. Y es que la manipulación a través de los medios siempre ha existido, pero la actualidad permite llevarla a cabo más a aun, de ahí que la compañía catalana se decidiese a realizar una obra sobre este tema en este momento.

La información llega a todas las partes del mundo, sea buena, mala, cruel o falsa. Los medios de comunicación nos controlan a todos y son capaces incluso de acabar con nosotros. Por eso es importante estar despiertos y saber reconocer el buen periodismo de aquél que trata de engañarnos en su beneficio.

L.J.

 

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