“¿Otra vez?¿cuántas veces puede escribir esta gente la crítica de un musical?”, pues sí, efectivamente, esta es la tercera vez que escribimos sobre este icónico espectáculo. Pocos son los show que han tenido el “honor” de pasar por los “dedos” de tres de nosotras y Cabaret es uno de ellos.

Cabaret, el revival del musical de los sesenta, llevado al cine en los setenta, reimaginado en Broadway numerosas veces, la última de ellas con una pre-LaLaLand Emma Stone (entre otras), subió el telón del Kit Kat Klub en la Gran Vía madrileña allá por 2015, para despegar en una gira por todo el país durante 2016 y finalmente aterrizar en el Teatre Victoria de la ciudad condal hará un par de semanas. Pese a ser la misma producción que iluminó la capital hace dos años, gran parte del elenco ha ido renovándose con el paso del tiempo y las ciudades hasta llegar a Barcelona prácticamente renovado.

Para quienes no conozcan la historia (y no hayan leído ninguna de nuestras dos críticas anteriores, en cuyo caso no son merecedores de mi tiempo… -es broma), este espectáculo nos traslada al Kit Kat Klub, un cabaret de Berlín a principios de los años 30. Todos estaréis pensando en plumas, lentejuelas, jazz, alcohol y decadencia… pero no es oro todo lo que reluce y es que este espectáculo no es, precisamente, de los que vas a ver para animarte y salir del teatro con sensación “de subidón”. Porque, ¿qué otra cosa había en el Berlín de los años 30? Nazis. De hecho, el musical se centra en ese periodo del auge del nazismo hasta su llegada al poder. No me malentendáis, con este musical pasaréis un rato entretenido, no en vano al comienzo nos dan la bienvenida al Kit Kat Klub donde hasta la orquesta es bonita para que olvidemos nuestros problemas. Sin embargo, Cabaret es uno de esos musicales (que últimamente parecen querer invadir nuestras carteleras) que te remueven por dentro y te hacen analizar la vida de una forma diferente.

Quizás sólo somos nosotras. Quizás no. No me voy a poner metafísica a estas alturas analizando la existencia de las casualidades, pero he de reconocer que pocas veces se me había puesto la piel de gallina como cuando el pasado 4 de octubre oí cómo cantaban con  el brazo en alto “Mi lucha empieza aquí”. NO. No estoy comparando la situación política y social actual con aquellos tiempos, ni mucho menos. No obstante, (y esta es mi humilde opinión personal, que para eso es mi blog) no está de más que nos recuerden de vez en cuando hacia dónde conducen los nacionalismos cuando se llevan al extremo. Y por eso hablo de nacionalismos en plural. Porque los extremos, sean cuales sean, nunca son buenos y las pasiones, aunque nos encanten sobre los escenarios o impresas en una buena novela, no dan buenos resultados en la vida real. Dicho esto (y teniendo en cuenta que puede que la mitad de vosotros ya habréis dejado de leer) vuelvo a la crítica, que para eso estamos.

Reconozco que tenía mis reticencias en cuanto a alguna de las incorporaciones al elenco de Barcelona pero he de reconocer que mis dudas se diluyeron conforme avanzaba el primer número. Ivan Labanda, a quien ya habíamos podido ver en un papel de un histrionismo semejante en Scaramouche, nos tuvo comiendo de su mano desde el primer minuto como Emcee, o lo que es lo mismo, maestro de ceremonias de ese atrevido Kit Kat Klub, con ese don para la “sobreactuación justa” que igual te robaba una carcajada que te hacía un nudo en el estómago que ni los boy scouts. Como Cliff nos encontramos a Bernat Mestre, quien le aportaba una frescura e inocencia al personaje totalmente irresistible. Pese a que es de los pocos que forman parte del elenco original, no puedo hacer sino destacar a Víctor Díaz porque su presencia escénica impresiona y, en este caso, “acoj*na” bastante. Podría nombrar a todo el elenco uno a uno, ya que todos están brilllantes en sus respectivos papeles, pero no os quiero aburrir más. Una última mención es para Elena Gadel, la nueva Sally Bowles. Cómo ha pasado el tiempo para esta ex-triunfita, que se ha ganado un hueco en el panorama musical por méritos propios. Ella era quién más dudas nos generaba, no por su calidad vocal, era de esperar que clavara -como hizo- todas las canciones, sino por la alta demanda interpretativa del personaje. Pues bien, podéis estar tranquilos, no sabemos como sería la Sally Bowles de Emma Stone, pero dudamos que le hiciera sombra a ésta.

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No sabemos si quizás la próxima vez Sally Bowles tendrá suerte, si, como canta, esta vez la fortuna estará de su lado y algo va a suceder… Lo que sí sabemos es que éste es un espectáculo que nadie debería perderse, así que corred al Paral·lel antes de que el Kit Kat Klub cierre sus puertas.

 

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