Hay musicales que son más que eso. Que trascienden. Que marcaron una época o el antes y después en la carrera de grandes compositores. Ese es el caso de Jesus Christ Superstar, la ópera rock de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice sobre los últimos días de la vida de Jesús que revolucionó Broadway a principios de los ’70, dividió a la crítica y fue incluso considerada una blasfemia por algunos grupos cristianos. Tal fue la repercusión que en el 73 se estrenó con éxito la versión cinematográfica del musical, protagonizada por Ted Neeley, acercando así el musical al gran público y vendiendo millones de copias de su BSO.

Hoy en día su visión de Cristo como un hombre lleno de dudas ya no resulta tan transgresora, pero se ha convertido en todo un clásico. ¿Quién no ha tarareado ‘Superstar’ alguna vez? Pues imaginaos la ilusión de todos esos niños de los ’70 que tenían el “casette” rayado de tanto escucharlo, todos esos Theatre Kids que soñaban con llegar a la nota aguda de ‘Gethsemani’ como Neeley, al saber que el mismísimo Jesucristo original de la película venía a Barcelona (Teatre Tívoli) para protagonizar en directo este musical con su gira europea.

Yo personalmente tengo que confesar que no estaba tan familiarizada con el musical como debería, pese a que parece que últimamente está en todas partes (el pasado 1 de abril la NBC americana emitió en directo una producción del musical en formato concierto protagonizada ni más ni menos que por John Legend y Sara Bareilles). Por eso, se trataba de una ocasión única para verlo en directo por primera vez. ¡Y qué experiencia!

Después de un número de obertura con mucho ritmo, la ascensión de Jesucristo desde debajo del escenario al son de los compases más famosos de ‘Superstar’ ralentizados y la respuesta del público, sobretodo de los muchos fans de Neeley que se encontraban en el público, al verle aparecer allí mismo con su emblemática túnica blanca fue, cuanto menos, celestial. Casi como ver aparecer al mismísimo dios.

A partir de ahí, la función se desarrolló de forma notable. Dirigida por Massimo Romeo Piparo, cuenta con un buen elenco con buenas voces y mucha energía, encabezado, junto a Neeley, por Nick Maia como Judas y Simona di Stefano como Maria Magdalena. La puesta en escena es bastante espectacular, pese a los déficits que siempre comportan los espectáculos en gira y la pantalla gigante de leds, de la que no somos fans. Escuchar esa emblemática música tocada en directo por una banda de rock que se encuentra casi en todo momento encima del escenario es una auténtica experiencia religiosa.

¿El único ‘pero’? Lo que para algunos puede ser un sueño hecho realidad, -ver a Neeley interpretando el papel que originó-, puede resultar un poco raro para quienes no tengan presente la película ya que el hombre, con 74 años, es un poco más mayor que Jesucristo, y, en este caso, que su compañeros de elenco. ¡Pero el teatro hace milagros! En cualquier caso, sigue estando en forma, el personaje le emana de dentro (en ocasiones hasta sientes la necesidad de que te bendiga, por si acaso) y, aunque haya perdido algo de voz, resulta estimulante y contagioso ver la respuesta que genera en sus entregados seguidores.

Si sois fans del musical, aun estáis a tiempo de verlo esta semana en Barcelona y a partir de la que viene en Madrid. ¡Es una oportunidad única!

Paola Marín

 

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