Si nosotras fuésemos Antonio Banderas, seguramente haríamos lo mismo que ha hecho él. Inauguraríamos un nuevo teatro en nuestra ciudad natal; fomentaríamos la formación de jóvenes actores, cantantes y bailarines; y produciríamos un revival de uno de nuestros musicales de Broadway favoritos (quizá lo de protagonizarlo nos lo saltaríamos, que el talento no nos da para tanto…), rodeadas de los mejores profesionales. Él ha conquistado el cine español, Broadway, Hollywood… pero le quedaba este sueño por cumplir y nosotras solo podemos agradecérselo.

El pasado noviembre se estrenó A Chorus Line, inaugurando el Teatro del Soho Caixabank, protagonizado por el mismísimo Antonio Banderas. Tras casi dos meses de lleno absoluto en Málaga y una breve estancia en Bilbao, por fin nos llega este espectáculo al Teatre Tívoli de Barcelona con Pablo Puyol en el papel principal (si es que puede decirse que en este musical hay papel principal).

A Chorus Line se estrenó en Broadway en el 1975, ganó 9 premios Tony y un Pulitzer y se convirtió en uno de los musicales más longevos de la Gran Manzana. Concebido, dirigido e icónicamente coreografiado por Michael Bennet, cuenta con un libreto de James Kirkwood y Nicholas Dante, y música del gran Marvin Hamlisch (con letras de Edward Kleban). El espectáculo supuso un cambio de paradigma al inspirarse en las experiencias reales de los miembros del reparto original, erigiéndose así como un musical de referencia sobre todo para los aspirantes y profesionales del mundo del espectáculo.

A Chorus Line es una carta de amor-odio a una profesión en la que al final gana el amor. Es un cálido saludo a toda bailarina que está en la última fila de su espectáculo, una palabra de aliento para que el actor al que han rechazado en cuatro castings seguidos lo siga intentando y, lo más importante, un reconocimiento a la historia personal que hay detrás de cada uno de ellos.

Quizás no es el musical que gustará más al gran público en este país pero demuestra el amor y la pasión con los que Antonio Banderas y su equipo han creado este proyecto y es una apuesta arriesgada que estoy segura que todos los amantes del género valoramos muchísimo.

Se trata de un revival en español de la producción original de Broadway y, para que fuese lo más fiel posible, han contado con Bayork Lee, que originó a uno de los personajes, como coreógrafa y co-directora. Gracias a ella, las coreografías son idénticas a las originales y son, sin duda, uno de los puntos fuertes del espectáculo (el vestuario, la escenografía y la iluminación también son reposiciones de los originales así que si sois fans del musical, harán vuestras delicias).

La historia arranca precisamente con una intensa prueba de baile en una audición de un musical. Zach (Pablo Puyol), un veterano bailarín convertido en director busca bailarines para el coro de su nuevo espectáculo en Broadway. Comienzan 24 y solo quedarán 8. A medida que avanza la función vamos conociendo un poco más de cada uno de los pre-seleccionados, a petición del Director, que pretende que se abran, que se muestren tal y como son, que hablen de su infancia, de sus miedos e inseguridades, de las decisiones que les han llevado a dónde están en ese momento… para poder valorarlos más allá de su técnica.

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Pese a que la mayoría de personajes tienen su momento para brillar y emocionar al público en solitario, todos los intérpretes están casi todo el rato en el escenario, haciendo que cada movimiento, o incluso la ausencia del mismo, cobren importancia y formen parte de un todo indivisible. Por destacar algunos nombres, nos llamaron la atención, sobre todo, la emoción de la Diana de Estibalitz Ruiz, el descaro de Sheila y Bobby (Kristina Alonso y Albert Bolea), la ternura de Paul (Fran Moreno) y los hipnotizantes movimientos de Lorena Santiago y Daniel Délyon. No obstante, como no podía ser de otra manera, la fuerza del musical deslumbra y atrapa en los números grupales (sobre todo la obertura y el emblemático y dorado final), haciendo honor a su nombre.

Hay un punto de la función en que el miedo de los personajes les lleva a preguntarse si su profesión realmente vale la pena o deberían dedicarse a otra cosa. Si quieren seguir aguantando los continuos rechazos, la inseguridad laboral, la incertidumbre sobre su futuro, el hecho de estar siempre en “segundo plano” mientras el personaje principal se lleva todos los aplausos (como veis, las inquietudes en los años 70 eran las mismas que ahora…), etc. La conclusión es una de las canciones más bonitas del mundo: What I did For Love. Porque la verdad es que el arte se hace principalmente por amor y esta producción de A Chorus Line es muestra de ello.

Nos sorprendió que el teatro no estuviese completamente lleno a los pocos días del estreno, haciéndonos pensar que seguramente en Málaga fue sobretodo el nombre de Antonio el que agotó localidades. Barceloneses, no seáis tontos. Pocas veces tenemos en nuestra casa un espectáculo de esta calidad que puede acabar, y probablemente triunfar, en Broadway (los rumores cada vez suenan más fuerte). Además, el mensaje del musical es justo ese: un show no es solo el nombre grande de la estrella en el cartel; es cada uno de los miembros que lo conforman, y esta línea del coro os robará el corazón.

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Paola Marín