Todos conocemos esas aventuras a tierras lejanas, llenas de misterios y peligros, pero muchas veces, los viajes más duros, los mayores descubrimientos, se realizan sin que nos movamos ni un centímetro de nuestra posición inicial. Estos viajes, a veces los hacemos a solas, sin apenas ser conscientes de ello, puede que incluso en pijama o envueltos en nuestra manta favorita. Otras veces necesitas que tres drag queens en un autobús recubierto de purpurina te guíen.

Y es que en este musical se entremezclan esos dos tipos de viaje, porque Priscilla, Reina del Desierto es mucho más que canciones disco pegadizas y plataformas imposibles. No es casualidad que la película de los noventa en la que está basado este musical se haya convertido en todo un icono y sea un clásico que conocemos hasta los que cuando se estrenó todavía calzábamos zapatillas con velcro y necesitábamos ruedas accesorias en la bici.
La historia comienza con Tick, una drag queen (nom de guerre: Mitzi Mitosis) en un tugurio de mala muerte de Sidney que decide emprender una aventura cruzando la Australia profunda para conocer a su hijo. Para ello busca la ayuda de Bernadette, una vedette transexual que vive del recuerdo de éxitos pasados, y Felicia, una joven drag queen entusiasta y bastante inconsciente obsesionada con Madonna. Los tres, junto a Priscilla, un viejo autobús reconvertido en autocaravana, emprenden el viaje que las llevará, y a nosotros en nuestra butaca, a enfrentarse a sus miedos e inseguridades, a recordar el valor de la amistad o a volver a creer en el amor. Ya que, a veces, somos nosotros mismos los que nos  ponemos los principales obstáculos que nos impiden alcanzar la felicidad.

Porque todos necesitamos, de vez en cuando, que nos recuerden que hay un tipo de amor que nace del respeto mutuo y las aventuras compartidas, otro que requiere valor y un salto de fe y, por último, ese que va implícito, que no pide nada a cambio porque se lleva en la sangre.

Un magnífico Jaime Zatarain hace al espectador cómplice de las dudas y miedos de Tick, de su deseo de ser aceptado por ese hijo al que no conoce. Es él quien tiene algunos de los momentos más dulces del musical, que puede que hicieran que a servidora se le escapara alguna lagrimilla… ¡no tengo remedio!
El trío lo completan Jose Luis Mosquera, muy sólido en el papel de Bernadette (uno de los cambios con respecto al reparto que estrenó este musical la temporada pasada) y un brillante Christian Escuredo, que derrocha tanta energía como la alocada Felicia que no puedes evitar preguntarte cómo es posible que haga varias funciones al día. Junto con estos tres protagonistas no puedo dejar de mencionar a Aminata Sow, Rossana Carraro y Patricia del Olmo, que interpretan a las tres divas que prestan su voz a varios de los éxitos que suenan… y menuda voz!!
Además del resto del elenco, que ya tiene mérito bailar todas esas coreografías con el estrambótico vestuario del musical!
Después de ver Priscilla es fácil comprender cómo sigue cosechando éxitos en su segunda temporada en la capital española, entre ellos sus 14 nominaciones a los premios de la web Broadwayworld.com (podéis votarlos aquí).
Atreveos a cruzar el desierto en el autobús de purpurina y no sólo saldréis con un subidón de energía (y puede que alguna pelota de ping-pong ;P), sino que el chute de positividad os durará toda la semana!!
Marta R. J.
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